Bolígrafos, papeles, rotuladores de colores, sellos, tintas… En serio, si alguna vez alguien quiere regalarme algo y no sabe qué, si entra en una papelería y coge lo primero que se le ocurra, seguramente acierte.
Soy una loca de los colorines.
Ya he mencionado en otras ocasiones a la majísima Sea Lemon, ni que decir tiene que estoy suscrita a su canal de YouTube desde que encontré el primer tutorial de encuadernación. En algunos de sus vídeos, donde dibuja patrones, vi que usaba unos rotuladores de colores «permanentes» (aún tengo que comprobar el grado de permanencia) llamados Sharpie. Tenían web en castellano, pero no había manera de encontrarlos: en las papelerías donde los vendían tenían unos precios desorbitados y sólo unos pocos, nada del paquete de 24 que se me antojó (una que es un poco complicada…)
Así que lo olvidé un poco por el momento, y me dije a mí misma «ya llegará el momento de los Rotuladores Sharpie… ya llegará»
Un día, yendo a por algunos suministros al bazar chino del barrio, me encontré con un paquete de seis rotuladores sospechosamente parecidos que no llegaban al euro todos juntos, y que en lugar de Sharpie se llamaban Sharpei. Para que luego digan que no tienen sentido del humor… Obviamente, no pude resistirme porque, aunque sabía que iban a ser más malos de un dolor, sólo por la gracia ya merecía la pena.
Pero un día, me llegó un cupón promocional de eBay y PayPal, donde me descontaban 10 euros en mi próxima compra. ¡La leche! eso significaba que el paquetito de 24 retuladores sharpies se convertía en algo que me podía permitir por sólo 15 euros en lugar de 25.
El día había llegado. La oportunidad de agenciarme este paquetón de retuladoreh estaba delante de mí. Así que lo hice, me compré alegremente 24 rotuladores de colorines molones «por mi cumple» de manera adelantada.
Y como no podía ser de otra manera, tenía que hacer una comparativa:
Obviamente, no hay comparación posible.
Saciada mi ansia coleccionista de cosas de colores, habrá que aprender a usarlos, digo yo…

Deja una respuesta