
En la entrada anterior dije que el tema de hacer radio era carne para otro post. Dado que las otras opciones de tema ahora mismo no son posibles (una incluye una entrevista que hacer y la otra la revisión y reescritura de una historia corta que hice en Bachiller), voy a hablar de algo que forma parte de mi infancia: Mis programas de radio en casette.
El máximo culpable de esto es mi abuelo, que un día me subió a una banqueta, me enchufó la minicadena con una cinta de chistes de Marianico el Corto con celo puesto en los agujeros para que se pudiera grabar encima, y le dió al botón rojo de grabar.
Ese día creó un monstruo de tres o cuatro años.
Me pasé horas y horas diciendo cualquier chorrada que se me pasara por la cabeza, rebobinando, y volviéndome a escuchar. Aún conservamos en casa alguna de esas cintas, mas un montón más de los años siguientes. De manera intermitente, iba volviendo a grabar cosas por pura diversión.
En la primera época, las grabaciones eran conversaciones entre mi abuela y yo, mi abuelo y yo, o los tres. A los cinco años se añadían de fondo los gruñidos y balbuceos de una @Zalagath que aún no había aprendido a hablar. En una de esas grabaciones, emulaba un informativo repitiendo en varias frases y sin ningún sentido en general la palabra ausentes. Una de esas frases era:
Sus majestades los reyes se encontraban ausentessss (así marcando las eses)
No tenía ni idea de lo que quería decir eso de ausentes, pero como me sonaba bien, lo decía a ver qué tal quedaba.
Un tiempo después, ya en casa (a los siete u ocho años), se me unió una interlocutora un poco indecisa, esta vez @Zalagath sabiendo ya hablar un poco más. Intentamos alguna entrevista en la que ella era una veterinaria famosa. La pobre estaba fascinada por el invento de la grabadora, así que se bloqueaba y no me seguía muy bien el juego. Recuerdo que estábamos sentadas en la alfombra de mi cuarto y le iba chivando al oído lo que tenía que decir. Al final, conseguí que improvisara un poco su canción de «La Luna y el Tractor». No me preguntéis a mí, preguntadle a ella…
En busca de colaboradores más «de mi edad» conseguí enredar en el tema de los programas de radio a una prima mía con la que pasaba la mayoría del tiempo, casi un año menor que yo. La cantidad de días que pasamos haciendo el canelo con la grabadora fue interesante (y sobre todo muy divertido, es uno de mis mejores recuerdos). Empezamos haciendo un programa musical con participación de oyentes, en el teléfono ficticio 989 98989 (todas las voces simuladas por nosotras, ofcors, con alguna colaboración especial de nuestra veterinaria favorita @Zalagath). A los oyentes se les hacían a veces preguntas a modo concurso, y ganaban bricks de leche Pascual (nosotras a lo práctico, la leche es algo esencial en la vida de mucha gente xD), parodiábamos anuncios (los de los trajes Alejandro, famosos en Zaragoza por bombardear de publicidad la radio a todas horas), inventábamos noticias locas… Todo ello confluyó en una serie de cinco o seis cintas de casette de 60 y 90 minutos rotuladas en bolígrafo con el nombre de la emisora, Turquesas del Caspio, llenas de momentos mejores, peores, y montón de pausas y rebobinados porque nos tronchábamos de risa de nuestras propias tontadas cada dos por tres y no podíamos seguir.

El canto del cisne de Turquesas, nuestro último programa como tal, llegó en primero de la ESO cuando me apunté a una optativa que debería haber ido de cosas sobre comunicación y acabó siendo un repaso de Lenguaje. El profesor nos propuso precisamente lo que nosotras llevábamos haciendo tantos años: grabar un programa de radio en una cinta para después reproducirla en clase. Esta vez, preparé el guión, y el resultado fue una selección de «Los mejores momentos de Turquesas del Caspio». Tengo muy borrosa esa época, ni siquiera recuerdo si mi prima también participó en ese último programa, aunque me suena que sí (o quizás quiero recordar que sí…). De todos modos, no creo que lo hubiera hecho sola.
Aunque ese fue el fin de nuestro programa, unos años después (a los 14 o los 15) nos juntamos con un par de amigos más, esta vez para hacer un programa de radio «de verdad», en la emisora del instituto de al lado. Puede que algunos que me conocéis os sorprenda un poco la temática: era un programa de hip-hop. Aprendimos a usar un poco la mesa de mezclas sencilla que había, a hacer transiciones… En cuanto a los contenidos intentábamos buscar por Internet a grupos nuevos, sobre todo a los que sólo tenían maquetas. De hecho nuestra sintonía (que daba nombre al programa: Micros en On) era una de esas canciones de un grupillo joven. La pondría, pero la he buscado y no la encuentro >_<. Otro de los grupos que promocionábamos era Dos Opciones (omg, otros que ya no hay manera de encontrar tampoco…). La historia del programa musical no tuvo una vida muy larga debido a algunas deserciones y cambios el equipo y a un malentendido con la letra de cierta canción que aún hoy creo que no se ha resuelto. Bueno, también las ganas de seguir con el tema del hip-hop se iban diluyendo por mi parte, ya que en ese momento estaba en proceso de rockización y heavización.
La verdad es que se echa de menos hacer el canelo grabando cosas, pero por ahora me conformo con este blog. El trabajo que conlleva un podcast es demasiao pa mi.
Deja una respuesta