El otro día charraba con Quarel en una terraza acerca de este tema. El resumen es que el mundo editorial está acercándose al concepto de libro electrónico muuy despacio. Y los autores, bueno… cuanto más viejetes más horror les dan estas cosas. En largo, ahí va mi reflexión:
Para las navidades pasadas, me agencié un bonito lector de ebooks de Sony. Me ha venido de perlas para leer en el Cercanías mientras he estado por Barcelona, en el metro, en las horas muertas de después de comer, entre clase y clase… Durante unos meses, he vuelto a leer muchísimo, porque para moverse sin un peso molesto es un gran invento.
Pero tiene un gran problema. Muy grande. La oferta de libros en castellano da ganas de llorar depende de lo que busques.

Cuando me compré el lector, mi primera idea era conseguir en alguna tienda electrónica una compilación de todas las Historias de Terramar de Ursula K. LeGuin (y no es que vaya sobrada de pasta, pero había reservado una poquita para eso). Estos libros estaban descatalogados en casi todas partes (en casadellibro acabo de ver que vuelven a estar en stock, biiieeen). Pero en Internet tampoco hubo manera. Incluso en Inglés no se encontraban demasiados (quizás porque a esta señora le dan repelús las ediciones digitales, según dijo). Aún así alguno hay, y podría comprarme los libros en el idioma de Shakespeare y así aprender más, pero no siempre apetece leer en inglés. Menos cuando estás en un tren lleno de gente con distracciones cada dos por tres (léase personas asesinando instrumentos musicales, paradas inesperadas, y todas esas cosas que pasan en el Mundo Renfe).
Así que la cosa queda de esta manera: si quieres leer en tu ebook ciertos libros tienes dos opciones: o te los descargas a la piratesca (la oferta en este campo es INMENSA) o te jodes y bailas. Puede ser que el libro que busques esté dentro de la oferta que hacen los grandes grupos editoriales (Random House Mondadori, 938 ebooks y 615 de ellos por debajo de los 10€ o Grupo Planeta con 845 ebooks y 378 de ellos por debajo de 10€, DRM de Adobe incluído…) Eso sí, tiendas que venden eBooks las tienes a patadas. Aunque todos tengan los mismos (más algunas publicaciones de la casa que algunas tiendas meten por ahí).
A primera vista puede parecer que los números están bien… pero pensándolo bien, faltan miles de obras. ¿Qué pasa con todos los libros de las colecciones de Gigamesh? Porque ellos no venden ebooks. Son una editorial pequeña, aunque gozan de buena fama (merecida) en el campo de la fantasía y la ciencia ficción. Pues no encuentro en ninguna de las múltiples tiendas las sagas de Dan Simmons de Hyperion e Ilión (¿Será que sólo lo ha publicado Gigamesh también?). Vale, asumamos que Gigamesh igual no puede permitirse ponerse a hacer ebooks de lo que publica/ha publicado en papel. Pero Historias de Terramar fue publicado por Minotauro y es parte del Grupo Planeta, y no aparece en la tienda online como ebook. Minotauro, durante muchos años ha publicado colecciones de fantasía, de las que no hay ni rastro en la tienda electrónica del Grupo Planeta.
El problema, además de que no todas las editoriales están aún presentes en Internet vendiendo ebooks, es que no lo están enfocando de modo que sirvan la demanda de «la cola».
En las clases de economía, una de las cosas que se explican es el triunfo de modelos de negocio como el de Amazon en el caso de su tienda de libros (los no electrónicos, de los electrónicos tienen bastantes pero no tantos), que consiste en tener lo más demandado pero también las «cosas raras» que quieren cuatro gatos. Este modelo se puede ver en un dibujo:
La parte roja corresponde a lo hay normalmente en una librería, digamos, de centro comercial. Best-sellers, novedades novedosas… todo ello se vende mucho. La parte verde (que en realidad es bastante más larga), correspondería a los libros menos solicitados… ¡pero que son muchos!. Servir sólo a la parte roja implica no hacer ni caso a la parte verde. Desde un punto de vista de Empresa es perder mucho beneficio.
Si los ebooks ocupan siempre lo mismo (unos cuantos megas) puedes venderlos una y otra vez, y no necesitarás un almacén para guardarlos, ni se te acabará nunca el stock (a no ser que como editorial pierdas la licencia de distribución, que esa es otra historia).
No todos los usuarios de libros electrónicos vamos directamente a la descarga gratuita, aunque muchas veces no nos queda más remedio (por disponibilidad o por precios abusivos). Estoy segura de que a un buen número le gustaría poder disfrutar de la lectura en su aparatico de elección (sea ebook de tinta digital, sea iPad, sea lo que sea), tal y como lo haría con un libro físico de toda la vida: comprándolo en la librería. Pero todo esto, por lo visto, va despacio y pocos son los que creen que realmente despegue algún día.
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