El siguiente desbarre ha venido motivado por este artículo: «Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana» (y un empujoncillo de un profe).
Tras la primera lectura (hasta el fin del artículo, los comentarios la mayoría dan vergüencita ajena y no son recomendables para la salud, sorry) admito que estaba confusa. Tras la segunda, sigo estándolo y la verdad, no sé hasta qué punto el artículo tiene razón, ni si va a tener algo de sentido lo que escriba a continuación…
Seguramente alguien que esté más metido en el panorama educativo actual (algún profesor o padre con niños/adolescentes) pueda leerse el artículo también y dar una opinión más informada del tema. Lo único que puedo expresar aquí son mis impresiones como ex-estudiante.
Fui a colegio público, a instituto público y a universidad pública. Conocí a otros niños que iban a escuelas o institutos no públicos y por lo que contaban la cosa no era demasiado diferente. Un poco sí, pero tampoco un mundo…
En la escuela pública tuve algunos profesores más buenos que otros: algunos eran (son!) personas magníficas con las que podías hablar, aunque ahora te los encuentres y todo sea un poco raro porque realmente han pasado muchos años (y algunos recuerdan tu nombre!); otros los tratabas lo justo para entender lo que intentaban explicarte. Casi siempre hubo un ambiente de estudio en la clase, salvo cuando en la primera parte de la ESO había elementos que, por A o por B, decidían que había que perturbar la paz. Pero, al menos, no recuerdo eso como la norma. ¿Tanto han cambiado los colegios e institutos desde que salí de allí?
Dí que ya hace de aquéllo 11 años… Hablemos de lo que sí recuerdo.
Recuerdo que a mí siempre me enseñaron que un profesor no es nada más (ni menos) que una persona cuyo trabajo es enseñar, pero una persona al fin y al cabo.
Con sus días buenos y sus días malos. Y a la que hay que tratar como tal: una persona más, como tú, a la que se ha de respetar como te gustaría que lo hicieran contigo. Para mí eso es valorar la enseñanza y el profesor. El profesor, como tal, tenía cierta autoridad que en general se respetaba, pero no por defecto, sobre todo en el instituto. Os aseguro que los más respetados, lo eran por estos motivos (sólos o, en alguna rara ocasión, combinados):
- Porque realmente hacían sus clases interesantes (profes del lado de la luz)
- Porque daban miedo (profes del lado oscuro)
A mí me gustaba más el lado de la luz, qué le vamos a hacer, y tuve la suerte de tener un buen número de ellos (estoy empezando a pensar que fui realmente afortunada en el instituto, y soy del 86 así que fui casi totalmente de la odiada LOGSE).
Luego estaban los profesores que más se quejaban de la pérdida de autoridad y los de «en-mis-tiempos-esas-cosas-no-pasaban». Precisamente es a ellos a los que más me recuerda el artículo, aquéllos que se ponían de morros y refunfuñaban en lugar de luchar porque el gamberro de turno entendiera por qué no debía coger a un compañero cabeza abajo y darle un paseo por la clase (hechos reales). Por dió, si en su casa no se lo enseñan alguien tiene que hacerlo, aunque sea sólo por evitar que alguien se abra la cabeza.
En el artículo se cita la siguiente frase:
“Empezó a darse una depreciación de la idea de autoridad, a la que añadían cosas como que no se podía expulsar a un alumno de clase, de lo que no abusábamos, pero que era una herramienta”
Lo de que no abusaban pues mira, dependerá del caso. Algunos sí lo hacían en el instituto cuando la cosa se volvía muy insostenible – mandándolos al despacho del jefe de estudios – pero recuerdo que en el colegio sucedió más (sobre todo al principio, en segundo – tercero – cuarto de primaria) y por cosas muy tontas (pedir un boli, despistarte un momento… algo bastante normal cuando eres pequeño), lo que convertía a esos profesores en profes del lado oscuro, intentando mantenerte atento a base de miedo.
Es el caso de la irrupción de los pedagogos, expertos en psicología que pasaron de súbito a saber mejor que los anticuados profesores lo que estos debían hacer en las aulas en las que vivían día tras día.
Este párrafo en concreto me incomoda un poco. A mí no me parece que la introducción de psicólogos en los colegios fuera ninguna afrenta a los profesores. Me parece natural, es como una pirámide de necesidades «Ahora que podemos enseñar a los niños a sumar, vigilemos ser más empáticos con los críos y su entorno». En mi colegio había un par de pedagogas. Realmente no sé cómo sería su relación con el resto de profesores, pero sí recuerdo que ponían empeño en hacer que algunos de los niños con más problemas se integraran mejor con el resto, y me juego algo a que no era nada fácil. ¿Quizás intentaban hacer lo mismo con los profesores y eso les molestaba? Que no digo que no hubiera pedagogos-diva, pero ¿realmente lo son/eran todos?
En el artículo también se habla del problema del Descrédito del profesor. Sí y no. Sí, porque hay elementos que se quedaron anclados a principios de los ochenta y de ahí no querían salir (profesora que daba coscorrones en la cabeza con el anillo-sello de oro, la miro a usted), algunos se jubilaron (gracias) y otros siguieron adelante. Pero no porque si un profesor es bueno, la mayoría de los alumnos y sus padres lo sabrán. Y no estará desacreditado. ¿Tan pocos de estos hay ahora?
La figura del profesor como grupo social encarna esos valores de no tratar de ser famoso, de no triunfar, de no tener dinero o un gran coche, ni es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos
¿Realmente ayudaría en algo que un profe sí «triunfara» en esos aspectos? Este párrafo me parece un poco absurdo, porque el problema de fondo es social en este caso. Está arraigada la «cultura del pelotazo», es decir, obtener un beneficio rápido y muy grande y vivir de las rentas (y trabajo en consultoría, no tenéis ni idea de cómo odio la mentalidad pelotazo…). Ojalá esto cambie algún día, porque si no tenemos perdida la lucha Esfuerzo VS Pelotazo y seguiremos yendo «Tarde, Mal Y a Rastras»(TM)
Ya que el artículo busca tanto a los culpables, hay que repartir el merdé, porque hay para todos: nada viene solo, y si un niño no respeta a los profesores, es porque sus padres/tutores no respetan tampoco a los demás. Y como los padres de este tipo no escuchan, no quieren asumir su parte y ya la tenemos liada. Y muchos profesores son, a su vez, padres, y del mismo modo que entre los padres hay quienes parecen sordera y ombliguismo crónicos, entre los profes también. Cerramos el círculo.
¿No he dicho al principio que éramos todos personas? Pues intentemos ser lo mejor posible.
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