Autor: Myddna

  • Olisqueando

    Olisqueando

    Los días siguen avanzando unos detrás de otros. Entre semana, estoy unas ocho horas a piñón con el PFC en la empresa (unos días más y otros menos, no siempre se tiene el mismo fuelle), y los fines de semana descanso como no lo había hecho hacía tiempo. Eso significa que en fines de semana no toco el PFC, y me dedico a otras cosas: alguna dispersión de las mías, jugar, leer, arreglar asuntos pendientes por casa (duelos con las estanterías y el polvo, por ejemplo), planificar alguna compra que hay pendiente o irme a hacerla si no hace demasiado frío… Oxigenación que luego me viene muy bien para llegar el lunes y continuar donde lo dejé bien descansada. Sé que esto no lo voy a poder hacer siempre, porque llegará un momento en que habrá que apretar más las tuercas, pero de momento me funciona.

    Esta última semana he aprovechado los huecos para mirar colonias. Las que he tenido a lo largo de mi vida se pueden contar con los dedos de una mano, y me sobraría uno. De ellas, la mitad fueron regalos de cumpleaños de cuando era pequeña (alguien recuerda Farala? xD) y la otra mitad fueron del Yves Rocher (té verde y lilas, ambas las aguanté poco tiempo: la primera por cansancio y la segunda porque se puso mala). Como buena bruja, tengo una nariz muy sensible, y odio los olores fuertes, así que mi odisea actual es encontrar uno que no me asesine, porque suelen hacerlo. De momento, de una lista de 10, he descubierto que no soporto 9. Y aquí no cuento las pruebas aleatorias que he hecho en las perfumerías por las que he pasado. Cosas que he descubierto relacionadas con este periplo coloniero:

    • Si es muy fuerte, no me gusta
    • Si es empalagoso, no me gusta
    • Si es demasiado fresco, no me gusta
    • Si es demasiado cítrico, no me gusta
    • Nada de vainilla, ni coco, ni pachuli
    • Si huele a polvos de talco, me resulta raro e incómodo
    • Si huele a abuela, no me gusta
    • Si me hace estornudar, mala señal

    Así que, a base de descartar, la idea de lo que busco es algo tirando a floralillo pero sin abusar, suave y que no invada (ni a mí ni al personal, es una cosa que odio lo de ir por ahí abofeteando con olores sin compasión). A finales de esta semana buscaré un hueco para pasarme por un Sephora que me pille a mano y probar el último de la lista. Tiene números, porque he leído opiniones de varios sitios distintos y me ha llamado la atención que gusta a personas que no soportan la mayoría de los perfumes. Luego están las nariz-rotas que dicen que ni fu ni fa y que no huele a nada pasado un rato, pero no me creo nada. Como muestra, un botón: se me han pegado dos olores de dos pruebas que me hicieron en la mano a mi abrigo, y se ha pasado un día entero en la terraza castigado. Todavía huelen las dos mangas… y en una de ellas hay una prueba que una nariz-rota de esas decía que no olía nada pasada un par de horas. Yungüevo. Si esa ya no funciona, me rendiré y lo dejaré para otro mes. Funcionó con la búsqueda de bolso, así que… podría volver a funcionar.

    Lo que está claro es que no sería la misma sin mis búsquedas imposibles :P

  • Alias

    Alias

    Estaba pensando en esta entrada desde hace un buen rato. Sin venir a cuento, pero relacionado en parte con lo que venía a contar hoy aquí, he encontrado por ahí unas cuantas páginas que hice por allá en el paleolítico inferior (incluso he recordado los datos de login de dos de ellas… OMG!). Ahora mismo no, pero hace un rato funcionaban todas, les he debido de hacer un DOS manual a fuerza de cargar páginas y páginas sin parar. Como resultado, me han invadido recuerdos de hace entre nueve y siete años, y me he quedado un poco hecha polvo (más de lo que estoy actualmente, quiero decir).

    De lo que venía a hablar hoy era de los nicks, pseudónimos, handles… de los nombrecicos que nos ponemos en Internet y, en concreto, de los que he usado yo.

    En muchas historias de fantasía los nombres tienen poder. En la realidad tienen un poquito. El nombre que le das a algo de una forma o de otra lo representa, y se empapa de la idea. Lo mismo me parece a mí que ocurre con los pseudónimos. Admiro a las personas que un día encontraron su nombrecito y ya por siempre jamás (o casi siempre) se pasearon con él por Internet. Yo soy un vivo ejemplo de todo lo contrario.

    Antes de LaBruja, Myddna, Alve, Coren, Lilit,… estuvo siempre Norda (bueno, mentira, primero estuvo Switch, pero no lo cuento porque duró poco y fue algo bastante turbulento… de mi época hip-hopera de hecho xD)

    Norda fue el nick que me acompañó durante casi todos los tiempos del IRC, y en muchas de las aventuras interneteras hasta el final de la época del instituto y media carrera también, si no recuerdo mal. El blog mutante «el Orbe de la Kéndera», que estuvo vivo entre 2004 y 2009 mas o menos. En las listas de correo de DnD-es y Amigotes. Ese nick que entre otras cosas es una marca de agua mineral, una señora flautista o un personaje de Kristen Wilson en una película que hay que recordar simplemente para que no se vuelva a perpetrar nada parecido (!¡!!).

    Cuando me lo puse por primera vez, ese puñetero nick era algo temporal. No conseguí inventarme uno con el que quedarme y que fuera mío, que fuera suficientemente sencillo, que no estuviera relacionado con algo existente o con alguna época concreta que irremediablemente quedaría atrás en algún momento. Y aún así, Norda siempre acaba volviendo. Podría coger uno de mis otros nicks y transformarlos, pero tanto Myddna como Alve están estrechamente ligados al Wow y no tienen tampoco mucho peso propio (el primero es una deformación de Midna del Twilight Princess y el segundo es una guerrera de la saga de Geralt de Rivia…)

    Me siento tentada de quitarle la máscara a LaBruja y volver a ser Norda, pero hay algo que me lo impide. Voy a tener que meditarlo un poco más mientras escarbo en el kernel de Linux 2.6.14 que tengo que destripar para una parte de mi PFC.

    P.D.: Le doy muchas vueltas a las cosas últimamente, quizás es hora de hacer alguna dispersión de las mías! /(ò_ó)/

  • La era de las herramientas

    La era de las herramientas

    Está muy de moda el tema de las aplicaciones. Con tanto cacharrico electrónico que tenemos, no es extraño que cada vez salgan más y más herramientas digitales que permiten organizar cosas de una forma similar a la de siempre, pero en versión aplicación con algún plus añadido que les da color y atractivo.

    Por ejemplo, hay montones y montones de organizadores de tareas que se enlazan a calendarios, que te permiten enviarte recordatorios como «que no se te olvide que dentro de dos horas has quedado a tomar un café«, programas de gestión de listas de la compra (algunos hasta te permiten hacer inventario de tu despensa escaneando códigos de barras y todo, pero no sé yo si eso se llega a usar realmente, parece un poco rollo…) o incluso aplicaciones que te hacen un seguimiento del ejercicio que haces. Lo que vendrían a ser agendas con esteroides. Muchos esteroides. Y lucecitas, serpentinas, y espumillón (que es la época).

    Lo que no sabía yo es que habían sacado ya aplicaciones para escribir. No me refiero a procesadores de texto de toda la vida, no, sino a procesadores enfocados a escribir novelas. O cuentos. O lo que sea, pero en definitiva Escribir, con mayúscula.

    La que ilustra esta entrada no es más que una de ellas, Yarny. «Just write!» es su slogan. Pero si se tratara realmente de «Sólo escribir» no necesitaríamos esta aplicación, con el bloc de notas nos valía… Lo que da realmente valor a esta aplicación, es las pijaditas que la rodean:

    • Gestión de «trozos»: Se pueden escribir fragmentos, arrastrarlos y reorganizarlos. Lo que vendría a ser usar tarjetas de cartulina para organizar ideas…
    • Guardado constante y mantenimiento de versiones: A medida que escribes va guardando, y además puedes recuperar versiones antiguas. La idea más o menos del Control de Versiones de código pero aplicado a un documento.
    • Gestor de personas, lugares y cosas: Lo que más me ha llamado la atención. Es básicamente como los «trozos» pero categorizado. Se puede usar para almacenar personajes y sus detalles importantes, o lugares por donde va sucediendo tu trama. También se podía hacer con fichas de cartulina.
    Estas son las fichas de las que hablo
    Fichas de varios tamaños :3

    No lo voy a negar, me encantan estas pijadas. Le veo problemas, obviamente (el día que no tengas Internet te cagas en todo). Y por lo que se ve, Yarny no está sola. De hecho hay un buen puñado de aplicaciones similares (y otras no tan similares), de pago, hasta con opciones para la edición, toma de notas por voz, y mil cosillas más.

    Pero a donde quiero llegar es a que por mucha aplicación que se tenga, para escribir (ni siquiera estoy hablando de escribir bien, sino simplemente de escribir algo) hace falta, de base, algo más que ninguna aplicación te puede dar: inspiración y paciencia. Si tienes como mínimo eso, puedes usar cualquier cosa, servilletas de papel incluídas.

    No soy ninguna experta escritora ni nada parecido. Al contrario. Soy más bien una aficionadilla de palo que alguna vez tiene alguna idea para historias tirando a cutres y se acaba olvidando de ellas porque no tiene tiempo. Me resulta mucho más cómodo el lado del lector, para qué nos vamos a engañar. Pero alguna vez lo he intentado. Concursos literarios de navidad en el Instituto (uno ganado y todo! omg!), historias de preludio para personajes de partidas de rol, pequeñas cosas sueltas…

    Escribir siempre me ha resultado altamente desesperante, por varias razones. Por una parte, está el tema de la cabezonería: una vez que empezaba, o me pegaba toda la tarde hasta terminar (menos mal que eran historias cortas) o luego no había manera de retomar la historia, o me costaba mucho. Y luego las revisiones… No tenéis ni idea de las veces que cambio, vuelvo a cambiar, quito, pongo otra vez, corrijo esto, muevo el párrafo aquél, cuando ni siquiera llevo escrita una página. Incluso para escribir en el blog tardo bastante más tiempo del que parece.Y me pierdo en los detalles. Al final la historia se me queda en segundo plano porque me fijo demasiado en la forma, en la estructura, en usar las palabras correctas… Por eso mis personajes luego me parecían de cartón y en las historias no pasaba nada.

    Así que, por simple curiosidad… ¿Escribís? ¿Por qué escribís? y ya que estamos con el tema… ¿en qué medio?

  • Convalecencias incómodas y Downton Abbey

    Convalecencias incómodas y Downton Abbey

    Así a lo tonto, en una semana va a cumplirse un mes desde que me surgió un problemilla de lo má incómodo, que desembocó en una intervención quirúrjica ambulatoria y que es poca cosa pero lento de curar de narices.

    Vamos, lo que viene siendo un rollo deprimente y una de las principales causas de que el tiempo dedicado al blog se haya reducido de golpe y porrazo a algo casi nulo.

    Tuve que estar bastante tiempo en la cama, gastando el tiempo entre leer algún que otro libro, dormir, leer algo de documentación para el proyecto (aunque confieso que más bien poco porque no tenía muchos ánimos) y ver alguna serie para pasar el rato.

    La afortunada fue Downton Abbey, y así con la calma estoy casi al final de la segunda temporada. A mí no me suelen gustar los dramas porque me angustian bastante, pero la Profesora McGonanall Maggie Smith le da bastante gracia al asunto cuando aparece (al principio también hacía gracia el personaje de Daisy, pero ya no :( ).

    La razón por la que me decidí a verla fue pura curiosidad. Vi algún fotograma donde aparecía el personaje Lady Mary (Michelle Dockery) y me quedé muy rallada porque la chica me sonaba de algo. Esta vez no hizo falta consultar a IMDB, la neurona saltó en seguida y dije: ¡Ostias! ¡pero si es Susan Muerte haciendo de inglesita pija!

    Pese a lo raro que se me hacía al principio ver la serie, al final le coges cariño hasta a los personajes más secundarios (menos los tres que no se lo merecen, porque hay dos a los que a ratos matarías mucho y a otros ratos matarías a secas). Resulta muy interesante ver cómo les cambia a todos la Primera Guerra Mundial.

    Es una pena que a los guionistas les flojee un poco el pulso hacia el final de esta segunda temporada, porque hay temas que ya cansan.

    Los decorados son muy majos, y de hecho el castillo existe y se puede visitar. Gonito *_*

  • El fin del Buco

    A lo largo de este mes me propuse seguir la iniciativa de publicar un post por día. Obviamente es algo que no he cumplido, pero ha dado como resultado que el blog haya tenido un flujo de artículos mayor que el habitual. Y eso ya me sirve, porque espero que el ritmo no se vaya a la mierda demasiado después de este esfuerzo.

    Ánimo a todos los blogueros, no dejéis que vuestros blogs se mueran. Parece que la moda ha pasado, pero ya sabéis que pasa con estas cosas: siempre vuelven, aunque sea con un lavado de cara.

    Y escribir mola.

  • Receta: Haciendo Rosquillas

    Receta: Haciendo Rosquillas

    No se lo decimos a menudo, pero mi madre es una gran cocinera y repostera (y lee el blog, ¡saludadla!). Por estas fechas que empieza a hacer fresco da menos pereza encender el horno o el fuego (es vitrocerámica pero da calor igual xD), y al menos una vez al año hacemos dulces como el que os presento hoy: Las Rosquillas de Toda la Vida (TM).

    Estas rosquillas se hacían en el campo de mis abuelos, y la que se liaba en la cocina era mediana. Entre mis tías, mi madre y mi abuela haciendo de jefa de cocina (le va mucho eso de jefear), el día que se ponían a hacer rosquillas sacaban montones literales de ellas. Dicen por ahí que son típicas de Semana Santa, pero yo casi que las ubico más en el invierno, será la costumbre.

    La receta es una variante más esponjosa (en teoría) que las que hacían allí en el campo, pero son muy parecidas.

    Ingredientes (~24 rosquillas)

    De aquí hemos sacado el anís de las rosquillas de hoy. La botella es de la época en que las fechas de caducidad no existían…
    • 2 Huevos
    • 4 Cucharadas soperas de aceite
    • 4 Cucharadas de azúcar
    • 4 Cucharadas soperas de anís, ese que es bebercio alcohólico (se puede quitar un poco de anis líquido y añadir anís en grano)
    • 1 Sobre de levadura
    • Ralladura de limón o naranja
    • La harina que admita la masa (ver Preparación) (puede ser en torno a 300gr)
    • Leche (opcional, ver preparación)

    Preparación

    Se echan todos los ingredientes juntos excepto la harina en un recipiente, y se baten bien hasta que quede una mezcla homogénea (puede usarse batidora mientras la masa aún sea blanda).

    Poco a poco se va incorporando la harina y se mezcla para que no queden grumos. Llegará un punto en que estará demasiado dura para la batidora (automanual o eléctrica), en ese momento se sigue trabajando con las manos. Se sigue incorporando harina hasta que queda una pasta maleable pero blandita, que casi no mantenga la forma (si no, se quedarán demasiado harinosas al freírse). En caso de que quede la pasta demasiado dura se puede arreglar con una o dos cucharadas de leche.

    Se deja reposar una media hora.

    Lo siguiente es calentar aceite en una sartén grande, de modo que los roscos puedan flotar con alegría (los Woks van de perlas para esto). El aceite puede ser el que se prefiera, pero para estas cosas a mí me parece más adecuado el de girasol o un aceite de oliva suave, que dejen poco sabor (y no queremos rosquillas con sabor a aceituna, que hay aceites de oliva muy brutos! :S )

    En este punto viene bien ser dos personas:

    1. La persona A o «El que se pringa«: su misión es ir haciendo churrillos con la masa y acto seguido juntar los extremos para hacer un rosco. Es recomendable que se unte las manos en aceite para que no se pegue ni se rompa, y sea más fácil de manejar. Hace falta algo de destreza y agilidad manual para que el rosco sea un rosco y no un alien. Pero vamos, es cosa de práctica… En este momento el trabajo de El que se pringa se sincroniza con…
    2. La persona B o «El pescador«: su cometido es mantener los roscos separados en la sartén y pescarlos cuando están dorados por los dos lados. Descubrimos hace poco que los palillos grandes de cocinar (y los pequeños también) de los chinos y japos vienen muy bien para las labores de pesca. Después de recogerlos, se van apilando en una fuente o plato grande con papel de cocina debajo, para que escurran bien el aceite.

    Las rosquillas se pueden adornar como se quiera, pero un clásico es rebozarlas un poco en azúcar.

    ¡Que aproveche! En la cabecera dejo una foto de las rosquillas pasadas por azúcar, y aquí abajo en el paso previo.

    Éstas han quedado demasiado harinosas, por eso se nos han abierto al freír (aún así están buenas xD)
  • Los (video)juegos y yo: una historia de amor-odio

    Los (video)juegos y yo: una historia de amor-odio

    Bananoid. Éste también estaba. For real…

    Poco después de conseguir mi primer ordenador, me hice con un CD que tenía chorrocientos y la madre de juegos. Ya sólo probarlos uno a uno para ver si me funcionaban fue toda una aventura. Y la mayoría no funcionaban, pero daba igual.

    Había un montón indecente de Arkanoids, y eso ya estaba bien porque siempre me han molado (otra cosa es que no pasara de las diez primeras pantallas, como me suele pasar en juegos de este tipo, pero da igual, yo era feliz como una lombriz) El Bananoid que veis a la izquierda no era mi favorito, pero no he encontrado fotos del que me gustaba. No recuerdo su nombre, pero principalmente había bolas marrones cobre y moradas, y la cosa tenía una pinta asín como muy espacial.

    Por otro lado, tuve mi primer contacto (traumático) con el Prince of Persia. Lo encendí y dije «oh, mira que gonito, es un tipo raro rubio en pijama que… uhm, mierda, se me ha muerto ya…» Nunca pasé de esas primera pantallas de píxeles tamaño teletexto. No sé si es que era una demo o qué, pero la cosa me frustró tanto que no lo volví a tocar ese juego jamás. Y se ha cumplido, porque soy incapaz de jugar a juegos que requieran cierto tipo de acciones seguidas, reflejos y demasiada habilidad con un mando en general.

    Os pongo la cortinilla que sólo ver capturas del primer nivel del juego me dan escalofríos…

    Había también juegos extraños. Recuerdo uno que tenía la interfaz del DOOM, pero era más bien como una especie de Arkanoid que en vez de verlo en modo arcade lo veías en primera persona e ibas rompiendo paredes. Era muy raro y lo tengo borroso en la memoria, pero sé que existió. Yo siempre me mareo con los juegos en primera persona y es algo que estoy convencida que empezó entonces. Con ese más que amor-odio fue confusión-mareo. Pero a veces lo encendía, inexplicablemente…

    Con el que ya me ponía enferma era con un Sonic que había (no sé ni cual, pero también era tipo DOS). Era pasar una pantalla y tener que parar porque la cabeza me daba más vueltas que el jodío erizo.

    Con ese CD, eso sí, tuve una gran decepción. Yo lo compré con una ilusión: que entre toda la marea de juegos y demos que contenía, estuviera el juego de ¿Dónde Está Carmen Sandiego? Lo había jugado con mis primos, y junto con el creador de comics animados de Spiderman, era mi juego preferido. Lástima que al final nunca lo tuve.

    Chun chun chuuuuuun….

    Y esos fueron mis comienzos jueguiles. Para otro día: Broken Sword y mi locura por las aventuras gráficas (aunque luego me desespere y mire guías de estrangis)

  • Ahivapués!

    Soso (se llama así, es una larga historia) con Tier Baturro Simulado

    ¡Hola, terrícolas!

    Mañana es el día de la Hispanidad, también conocido como Día del Pilar. Hasta aquí no he descubierto nada nuevo a nadie… Pero este año estoy de vuelta en Zaragoza, y este día aquí se traduce en: Gente, muchas flores en la Plaza, Gente, Gente con trajes regionales más o menos acertados, más Gente… y ¡ah, sí! es uno de los pocos días del año en que Zaragoza sale en las noticias xD. El año pasado por estas fechas estaba en Montcada, y es como si me hubiera saltado el año. Es una sensación rara.

    Todos los años hay comida familiar en casa de una de las tías, y este año tampoco va a ser diferente (creo que ya puedo adivinar el menú… ¡¡no me explico esta clarividencia que tengo de golpe!!) Lo que sí va a ser diferente es que este año Pryrios no va a poder estar, ya es mala leche que caiga en miércoles. Tampoco es que hagamos gran cosa ese día (no se puede ir a ninguna parte por la acumulación…), aunque algunos años un grupo de intrépidos familiares nos hemos adentrado en las mareas, atravesado la plaza e ido hasta detrás del Teatro Principal, a ver a los argentinos locos que siempre hacen los mismos números (bueno, siempre siempre igual no, pero cinco años seguidos se repitieron fijo).

    Por otra parte, esta tarde he estado enfrascada a base de bien en un diseño para una amiga… ¡misterio, misterio! ¿qué será? Pues dejaremos que sea ella quien lo anuncie a su debido momento ;)

    Con esto de los diseños que me encargan ocurre algo curioso: O bien estoy completamente ofuscada, sin musa, y me paso días y días con la propuesta por ahí tirada hasta que se me enciende la bombilla (o no se me enciende nunca, que a veces pasa), o me pongo del tirón hasta que lo termino al poco tiempo de que me lo pidan. ¡Es así! y cuanto más me dicen «que lo haga cuando pueda, no hay prisa» o similares antes me pongo. No vale ponerse a pedir en los comentarios, esto tiene que ser como el liberar al Genio de la película… más o menos.

    En fin, mi cerebro sigue cansado hoy, así que se va a poner en modo descanso. ¡Hasta mañana! ¡Que los posts con chicha os acompañen, porque a mí estos días me han abandonado!