Estaba yo leyendo Manual de tipografía: del plomo a la era digital que me recomendó Pedro Arilla, cuando recordé que en mi casa existe una caja llena de fotos, cartas, postales y cosas varias antiguas del siglo XX que pertenecieron a mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.
Ahí tenía que haber cosas curiosas en el tema de las letras por narices, así que he agarrado el móvil y he tirado unas cuantas fotos para guardar y analizar en otro momento.
Lástima que he descubierto por el camino que, sobre fondos blancos, la cámara de mi HTC Desire S se empeña en mostrar una mancha rosa que ha estropeado TODAS y cada una de las fotos :(. Si las desaturo la mancha desaparece, pero se pierden los colores y algunos detalles, así que he optado por no hacerlo.
Éste va a ser un post muy pesado en cuestión de imágenes, así que dejo la primera. La cosa sigue espués del salto :)
Está muy de moda el tema de las aplicaciones. Con tanto cacharrico electrónico que tenemos, no es extraño que cada vez salgan más y más herramientas digitales que permiten organizar cosas de una forma similar a la de siempre, pero en versión aplicación con algún plus añadido que les da color y atractivo.
Por ejemplo, hay montones y montones de organizadores de tareas que se enlazan a calendarios, que te permiten enviarte recordatorios como «que no se te olvide que dentro de dos horas has quedado a tomar un café«, programas de gestión de listas de la compra (algunos hasta te permiten hacer inventario de tu despensa escaneando códigos de barras y todo, pero no sé yo si eso se llega a usar realmente, parece un poco rollo…) o incluso aplicaciones que te hacen un seguimiento del ejercicio que haces. Lo que vendrían a ser agendas con esteroides. Muchos esteroides. Y lucecitas, serpentinas, y espumillón (que es la época).
Lo que no sabía yo es que habían sacado ya aplicaciones para escribir. No me refiero a procesadores de texto de toda la vida, no, sino a procesadores enfocados a escribir novelas. O cuentos. O lo que sea, pero en definitiva Escribir, con mayúscula.
La que ilustra esta entrada no es más que una de ellas, Yarny. «Just write!» es su slogan. Pero si se tratara realmente de «Sólo escribir» no necesitaríamos esta aplicación, con el bloc de notas nos valía… Lo que da realmente valor a esta aplicación, es las pijaditas que la rodean:
Gestión de «trozos»: Se pueden escribir fragmentos, arrastrarlos y reorganizarlos. Lo que vendría a ser usar tarjetas de cartulina para organizar ideas…
Guardado constante y mantenimiento de versiones: A medida que escribes va guardando, y además puedes recuperar versiones antiguas. La idea más o menos del Control de Versiones de código pero aplicado a un documento.
Gestor de personas, lugares y cosas: Lo que más me ha llamado la atención. Es básicamente como los «trozos» pero categorizado. Se puede usar para almacenar personajes y sus detalles importantes, o lugares por donde va sucediendo tu trama. También se podía hacer con fichas de cartulina.
Fichas de varios tamaños :3
No lo voy a negar, me encantan estas pijadas. Le veo problemas, obviamente (el día que no tengas Internet te cagas en todo). Y por lo que se ve, Yarny no está sola. De hecho hay un buen puñado de aplicaciones similares (y otras no tan similares), de pago, hasta con opciones para la edición, toma de notas por voz, y mil cosillas más.
Pero a donde quiero llegar es a que por mucha aplicación que se tenga, para escribir (ni siquiera estoy hablando de escribir bien, sino simplemente de escribir algo) hace falta, de base, algo más que ninguna aplicación te puede dar: inspiración y paciencia. Si tienes como mínimo eso, puedes usar cualquier cosa, servilletas de papel incluídas.
No soy ninguna experta escritora ni nada parecido. Al contrario. Soy más bien una aficionadilla de palo que alguna vez tiene alguna idea para historias tirando a cutres y se acaba olvidando de ellas porque no tiene tiempo. Me resulta mucho más cómodo el lado del lector, para qué nos vamos a engañar. Pero alguna vez lo he intentado. Concursos literarios de navidad en el Instituto (uno ganado y todo! omg!), historias de preludio para personajes de partidas de rol, pequeñas cosas sueltas…
Escribir siempre me ha resultado altamente desesperante, por varias razones. Por una parte, está el tema de la cabezonería: una vez que empezaba, o me pegaba toda la tarde hasta terminar (menos mal que eran historias cortas) o luego no había manera de retomar la historia, o me costaba mucho. Y luego las revisiones… No tenéis ni idea de las veces que cambio, vuelvo a cambiar, quito, pongo otra vez, corrijo esto, muevo el párrafo aquél, cuando ni siquiera llevo escrita una página. Incluso para escribir en el blog tardo bastante más tiempo del que parece.Y me pierdo en los detalles. Al final la historia se me queda en segundo plano porque me fijo demasiado en la forma, en la estructura, en usar las palabras correctas… Por eso mis personajes luego me parecían de cartón y en las historias no pasaba nada.
Así que, por simple curiosidad… ¿Escribís? ¿Por qué escribís? y ya que estamos con el tema… ¿en qué medio?