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    Receta: Haciendo Rosquillas

    No se lo decimos a menudo, pero mi madre es una gran cocinera y repostera (y lee el blog, ¡saludadla!). Por estas fechas que empieza a hacer fresco da menos pereza encender el horno o el fuego (es vitrocerámica pero da calor igual xD), y al menos una vez al año hacemos dulces como el que os presento hoy: Las Rosquillas de Toda la Vida (TM).

    Estas rosquillas se hacían en el campo de mis abuelos, y la que se liaba en la cocina era mediana. Entre mis tías, mi madre y mi abuela haciendo de jefa de cocina (le va mucho eso de jefear), el día que se ponían a hacer rosquillas sacaban montones literales de ellas. Dicen por ahí que son típicas de Semana Santa, pero yo casi que las ubico más en el invierno, será la costumbre.

    La receta es una variante más esponjosa (en teoría) que las que hacían allí en el campo, pero son muy parecidas.

    Ingredientes (~24 rosquillas)

    De aquí hemos sacado el anís de las rosquillas de hoy. La botella es de la época en que las fechas de caducidad no existían…
    • 2 Huevos
    • 4 Cucharadas soperas de aceite
    • 4 Cucharadas de azúcar
    • 4 Cucharadas soperas de anís, ese que es bebercio alcohólico (se puede quitar un poco de anis líquido y añadir anís en grano)
    • 1 Sobre de levadura
    • Ralladura de limón o naranja
    • La harina que admita la masa (ver Preparación) (puede ser en torno a 300gr)
    • Leche (opcional, ver preparación)

    Preparación

    Se echan todos los ingredientes juntos excepto la harina en un recipiente, y se baten bien hasta que quede una mezcla homogénea (puede usarse batidora mientras la masa aún sea blanda).

    Poco a poco se va incorporando la harina y se mezcla para que no queden grumos. Llegará un punto en que estará demasiado dura para la batidora (automanual o eléctrica), en ese momento se sigue trabajando con las manos. Se sigue incorporando harina hasta que queda una pasta maleable pero blandita, que casi no mantenga la forma (si no, se quedarán demasiado harinosas al freírse). En caso de que quede la pasta demasiado dura se puede arreglar con una o dos cucharadas de leche.

    Se deja reposar una media hora.

    Lo siguiente es calentar aceite en una sartén grande, de modo que los roscos puedan flotar con alegría (los Woks van de perlas para esto). El aceite puede ser el que se prefiera, pero para estas cosas a mí me parece más adecuado el de girasol o un aceite de oliva suave, que dejen poco sabor (y no queremos rosquillas con sabor a aceituna, que hay aceites de oliva muy brutos! :S )

    En este punto viene bien ser dos personas:

    1. La persona A o «El que se pringa«: su misión es ir haciendo churrillos con la masa y acto seguido juntar los extremos para hacer un rosco. Es recomendable que se unte las manos en aceite para que no se pegue ni se rompa, y sea más fácil de manejar. Hace falta algo de destreza y agilidad manual para que el rosco sea un rosco y no un alien. Pero vamos, es cosa de práctica… En este momento el trabajo de El que se pringa se sincroniza con…
    2. La persona B o «El pescador«: su cometido es mantener los roscos separados en la sartén y pescarlos cuando están dorados por los dos lados. Descubrimos hace poco que los palillos grandes de cocinar (y los pequeños también) de los chinos y japos vienen muy bien para las labores de pesca. Después de recogerlos, se van apilando en una fuente o plato grande con papel de cocina debajo, para que escurran bien el aceite.

    Las rosquillas se pueden adornar como se quiera, pero un clásico es rebozarlas un poco en azúcar.

    ¡Que aproveche! En la cabecera dejo una foto de las rosquillas pasadas por azúcar, y aquí abajo en el paso previo.

    Éstas han quedado demasiado harinosas, por eso se nos han abierto al freír (aún así están buenas xD)