Receta: Galletas de avena y arándanos

Receta: Galletas de avena y arándanos

Hace ya unas semanas que hice estas galletas de avena tan morenicas que veis en la imagen, en concreto las hice como postre el Día de la Madre.

La verdad es que se me tostaron demasiado. Pasaron de parecerme que aún les faltaba un poquillo a «nooooooooooooooooooo!! se van a quemaaaaaaaaaaaar!! Fioraquitadeenmedioquetengoquerescatarlas!!»

A mi madre, que es muy buena persona, le gustaron y dijo que, con los días, al ponerse más blandas eran más fáciles de comer. Pero que buenas estaban. Nos fiaremos de su criterio que sabe mucho de esto.

Una vez más, la inspiración para estas galletas ha venido de varias fuentes de Internet, pero la principal ha vuelto a ser una receta de Directo al Paladar: Galletas Completas. Me gusta mucho cómo hacen y explican las cosas en casi todas las recetas y, además, sus posts siempre tienen una muy buena presentación (no como mis churruscaítas de ahí arriba…). He aquí mi interpretación y elaboración comentada del proceso galletil.

 Ingredientes para las Galletas de avena y arándanos

  • 150 g de harina de repostería
  • 60 g de harina integral
  • 60 g de copos de avena (yo los desmigué bastante con las manos para que no quedaran demasiado enteros y la masa no quedara muy grumosa)
  • ½ cucharadita de levadura química
  • 60 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 140 g de azúcar (en mi caso fue azúcar moreno)
  • 1 huevo L
  • 25 g de fruta deshidratada (arándanos rojos esta vez, qué ricos!!)
  • 2 cucharadas soperas de leche desnatada (fue semi desnatada)

Como veis, los cambios en los ingredientes no fueron muchos esta vez respecto a la receta original. Por otro lado, lo que sí que hice fue bañar las galletas en chocolate. Para eso usé chocolate de cobertura para repostería mezclado con chocolate negro del 70% (que a mi madre le gusta que el chocolate sea bien amargo)

Elaboración de las galletas

Esta receta es bien sencilla: Primero hay que colocar las harinas, la avena, la levadura y la mantequilla en un recipiente y se remueve todo bien hasta conseguir migas. Personalmente, encuentro más sencillo realizar esta mezcla con una pala de madera al principio, y después pasar a las manos para terminar de desmigajar todo.

Después se añaden el huevo, la leche y la fruta deshidratada o lo que sea que les quieras poner (también molarían chips de chocolate, melocotón deshidratado, pasas…) y se amasa todo bien.

Una vez lista la masa, vamos calentando el horno a 180º arriba y abajo. Extendemos con un rodillo la bola de masa entre dos hojas de papel de horno, con un grosor de unos 6-7 milímetros. Quitamos la hoja de papel superior y con un cortador de galletas cortamos las formas y las colocamos en una bandeja de horno (que también tendrá su hoja de papel). Con los recortes de las galletas volvemos a formar la bola y volvemos a extender entre las dos hojas. Si la masa se ha ablandado demasiado y cuesta de despegar una vez cortada la galleta, podemos meter la masa un ratito al frigorífico. Por cierto, este es el método de cortar galletas que me enseñó @Idranil , maestra del arte galletil :)

Galletas en la bandeja, sin hornear todavía.
Galletas antes de ser horneadas. Se distinguen los trocitos de arándanos picados y algún que otro copo de avena.

Repetimos la operación hasta que la bandeja esté llena o ya no nos quede más masa que cortar. Horneamos las galletas unos 15 minutos o hasta que empiecen a dorarse un poquito (pero ojo, que la luz del horno es una mentirosa, puede parecer que aún no se han dorado y resultar que sí.

Para la cobertura de chocolate, lo más seguro es derretir la mezcla de chocolates al baño maría, porque si el microondas es muy potente, se puede «freír» el chocolate en su propia grasa y quedar cortado. Me pasó en el primer intento y lo tuve que tirar :(

Una vez que las galletas están frías, sumergimos la mitad en el chocolate, dejamos escurrir el exceso (también se puede untar y/o retirar con una espátula o un palillo chino de madera si no hay mucha cantidad de chocolate disponible) y dejamos enfriar sobre una lámina de papel de horno.

Una vez que el chocolate se ha solidificado… ¡Ya están listas para comer! Aunque si eres impaciente, nada te impide comértelas con el chocolate caliente.

Se conservan bien en un lugar fresco y seco, como dentro de una lata en la despensa/zona-de-las-cosas-del-desayuno. Si sobra masa sin hornear, puede conservarse congelada para utilizar otro día.

Myddna

Soy Ingeniera en Informática (actualmente desarrolladora web) y Dispersa en general en mis ratos libres. Publico cuando el resto de cosas de la vida me deja y, sobre todo, cuando me apetece :)

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